Ya hemos hecho referencia al peligro de la obesidad y las dolencias que derivan de ella. Por ejemplo, hemos puesto de relieve que solo un 40% de las personas que tienen sobrepeso en EEUU admiten sufrirlo. Pero lo que es peor, en muchos de estos casos nos topamos con un desorden alimenticio muy grave. Lo denominé con el término megarexia en 1992. Consiste, básicamente, en que las personas obesas no reconocen que lo son. 

No es que no lo admitan ante los demás o quieran aparentar que no les supone un inconveniente. Es que realmente no se ven obesas. Hoy en día las cifras son aún más alarmantes. Aun así, no tomamos conciencia de la importancia de tener una alimentación altamente nutritiva, rica en proteínas y grasas como Isodieta. Con ella combatimos las enfermedades derivadas del sobrepeso y alargar nuestra vida.

Sorprende que ‘megarexia’ sea un término acuñado por el Dr. Brugos hace ya casi tres décadas. Lejos de ser un fenómeno en vías de extinción, se ha convertido en un problema creciente. En la actualidad, un 85% de las personas obesas sufren megarexia, según un estudio de la American Psychiatric Association (APA). Es un desorden alimenticio, donde el cerebro distorsiona la realidad de una forma similar a las personas anoréxicas.

Mi experiencia demuestra que, la anorexia se origina por la desnutrición del cerebro. Esto le sumamos la reducción de la ingesta de alimentos con el deseo de delgadez. Asimismo, la megarexia es una enfermedad mental que se origina por la desnutrición del cerebro que se produce con la dieta americana. Esta es muy alta en carbohidratos (calorías vacías) y pobre en nutrientes esenciales (proteínas y grasas). Como explico en mi libro, la inmensa mayoría son “obesos desnutridos” muy propensos a sufrir enfermedades degenerativas. Este término de “obesos desnutridos” muchas veces es difícil de comprender. Está muy extendido a la idea equivocada de que todos los obesos están bien nutridos o sobrenutridos.

Primer paso: Aceptar la megarexia

La megarexia es un trastorno psicológico que, por lo tanto, requiere en primer lugar de la colaboración del enfermo y sus familiares. Comenzar con el tratamiento nutricional adecuado basado en la Isodieta. Su rechazo a admitir la realidad se suma la adicción que sufre a sustancias tan perjudiciales como los azúcares o los carbohidratos. Esta es una incapacidad para ver que otro tipo de alimentación es posible y necesaria.

La Isodieta resulta ideal para combatir esta enfermedad. Esto es debido a que sus 6 ó 7 comidas le permiten superar la sensación de hambre que sufriría el paciente durante las primeras dos o tres semanas. Una vez pasado ese periodo, el paciente empezará a experimentar los beneficios de una óptima nutrición. Lo conseguirá gracias a una mayor ingesta de alimentos ricos en proteínas y grasas.

Como ocurre con otros desórdenes alimentarios como la anorexia, la ayuda del entorno (familiares, amigos, etc.) es fundamental. Adquirir hábitos saludables es fundamental. Por lo que puede ser un buen momento para que todos conozcan y comiencen a practicar los beneficios de Isodieta.

Como señalo en el capítulo 1 de mi libro ‘Isodieta’, existe otro tipo de megarexia. Esta no consiste simplemente en mirarse en el espejo y no verse obeso. Es la que sufren las personas con sobrepeso cansadas de someterse a dietas sin éxito. Estas se autoconvencen de que son así porque es su ‘constitución’ y se rinden con terribles consecuencias. Los integrantes de este último grupo, tienen tendencia a caer fácilmente en una depresión y aislarse de su entorno.

Sea cual sea la naturaleza de la megarexia, hay buenas noticias para todos aquellos que la padecen, como explico en el siguiente epígrafe.

La megarexia es reversible

Las advertencias serias sobre el peligro de la obesidad no son nuevas. En 2004 la directora del Centro para el Control y Prevención de las Enfermedades (CDC), Julie Gerberding, avisó que sobrepeso amenazaba con convertirse en la primera causa de muerte en América. Sin embargo, los expertos no son capaces de atajar el problema. Sus recomendaciones para evitarlo suelen aparecer excesivamente simplificadas. Se ciñen a aconsejar una menor ingesta de calorías y hacer ejercicio moderado.

Pero hay que tener en cuenta que la verdadera amenaza no es la obesidad en sí. Sino la malnutrición que da lugar a esa obesidad y que nos acorta la vida. En esa malnutrición está el origen de muchas enfermedades degenerativas. Estas suponen un 64% de los gastos médicos de la sanidad pública en los países desarrollados. Se da por hecho que una persona obesa no puede sufrir anemia. Pero también que una persona delgada no puede tener un colesterol elevado, y eso no es así.

¿Cuál es, entonces, la clave? Es muy sencillo: hay que adoptar una alimentación adecuada. Tiene que consistir en comer menos calorías vacías y más nutrientes regeneradores. Como por ejemplo los que encontramos en los alimentos ricos en proteínas y grasas en los que se basa la Isodieta. Solo de ese modo conseguiremos revertir una situación que podría desembocar en terribles consecuencias.

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