Durante muchos años, el consumo de grasa ha estado estigmatizado como algo potencialmente dañino para el cuerpo y que sólo puede llevar a ganar más peso, perdiendo la forma física. John Meadows, culturista de competición, demostró con su dieta del perro de montaña, que si se quiere quemar grasa y ganar músculo, hay que consumir grasa.

Durante años comía lo mismo que sus compañeros: tomaba mucha proteína, muchos carbohidratos y apenas grasa; en otras palabras, se sumó a esa dieta de pechugas de pollo, claras de huevo y arroz integral. Meadows apenas consumía vegetales y a la hora del desayuno tomaba en exceso cereales procesados.

Todo este proceso continuó hasta una visita al hospital, cuando Meadows decidió cambiar su alimentación por el susto que se llevó. Entonces decidió realizar la dieta del perro de montaña, en la que se consume grasa para quemar grasa.

Según se indica en un artículo de la revista Muscle & Fitness, Meadows declaró que su “colesterol bajó muchísimo en un año, y me puse más fuerte cuando hacía dieta para competir». «Solía sentirme muy débil a medida que iba haciendo dieta, pero esta vez perdí más grasa en las tres semanas que faltaban para la competición que cuando le dedicaba doce semanas. Subí incluso de fuerza».

El tercer gran cambio hecho por Meadows fue el de los huevos normales por los huevos orgánicos. «Tomo seis huevos enteros por la mañana y otros seis por la noche», pues sabe que la grasa sana de la yema ayuda a elevar el HDL. Y quizás lo más importante, Meadows abandonó los cereales refinados. Los carbohidratos consumidos ahora se basan solo en fuentes limpias como avena, boniatos, arroz integral y fruta. Por supuesto, los vegetales también son para él una prioridad.

Según Meadows, este fenómeno tiene una explicación: La mitad de la composición de las membranas celulares es grasa saturada, por lo que es esencial para la salud. También construye articulaciones más fuertes y elásticas. Meadows ha competido en culturismo desde los 13 años. Dice que nunca he tenido mejor que ahora las articulaciones, cuando consume más grasa saturada que nunca. La grasa también es clave para absorber vitaminas como la A, que favorece la síntesis proteica e, indirectamente, el desarrollo muscular.

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